Mientras dentro hay risas y postres en forma de casa, afuera, Zhao Wei espera junto al auto negro, con los puños apretados. Su expresión dice más que mil diálogos: algo se rompió. La tensión entre él y el hombre con corbata azul es palpable. No soy la fea, soy la superestrella… pero ¿quién protegerá a la estrella cuando el mundo se derrumba? 🌧️
La flor blanca en el pecho de Li Na, el anillo de perlas, las uñas impecables… todo sugiere control. Hasta que su mano tiembla al tocar el vaso. El cambio de expresión —de dulce a desesperada— es magistral. No soy la fea, soy la superestrella, y esta vez, la superestrella no está actuando. 🎭💔
Ocho personas, una mesa, y un solo centro de gravedad: Li Na. Todos brindan, pero sus ojos no se conectan. El camarero entra como un fantasma, y el líquido amarillo cambia el rumbo. ¿Quién lo preparó? ¿Por qué ella lo bebe sin sospechar? No soy la fea, soy la superestrella… pero incluso las estrellas caen si alguien apaga la luz. ✨🕯️
Ese primer sorbo de líquido amarillo parece inofensivo… hasta que sus ojos se nublan y se lleva la mano a la frente. Nadie reacciona. Solo su padre la observa, serio. ¿Sabía? ¿Lo planeó? En No soy la fea, soy la superestrella, el poder no está en el micrófono, sino en quién controla lo que se sirve en la mesa. 🫖💀
La sonrisa de Li Na al levantar su copa contrasta con la mirada tensa de su padre. ¿Es celebración o trampa? El camarero intercambia el vaso sin que nadie note... hasta que ella bebe el líquido amarillo. No soy la fea, soy la superestrella —pero hoy, la estrella está en peligro. 🍷⚠️