¡Mi esposa es un huracán!
Ariadna escapó de un matrimonio y terminó en el cuerpo de una princesa asesinada. Drogada, pasó una noche con Sebastián, el regente. Dejando atrás su timidez, comenzó a dominar el palacio. Sebastián, riendo, dijo: "mi esposa, una flor de realeza." Pero Ariadna, con látigo y espada, derrotó a los bandidos. El espíritu murmuró: "¿No ves lo fiera que era tu esposa?"
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