Lilith no huye, se entrega. Pero no por amor, sino por redención. El Duque, herido en su orgullo, responde con amenazas de muerte. ¡Qué giro tan oscuro! En (Doblado) Mi Duquesa, venga a domarnos, el amor no salva, transforma en cadenas. Su diálogo final es un puñal:
El momento en que él la acorrala contra la puerta y pregunta si todo fue fingido… ¡uf! La química entre Lilith y el Duque es eléctrica, pero llena de veneno. Ella ofrece su alma, él ofrece posesión o muerte. En (Doblado) Mi Duquesa, venga a domarnos, nadie gana si ambos juegan con fuego. ¿Quién manipula a quién? El suspense me tiene al borde del asiento.
Ver a Lilith proponer su propia entrega a Satán para expiar pecados me rompió el corazón. La tensión entre ella y el Duque es insoportable, especialmente cuando él descubre que todo podría ser una actuación. En (Doblado) Mi Duquesa, venga a domarnos, cada mirada carga con un mundo de dolor no dicho. ¿Realmente lo ama o solo usa su poder demoníaco? Esa duda lo envenena todo.