Desde el primer segundo, el tipo con el traje gris y ese broche ridículo huele a problemas. Su actitud prepotente en la reunión y cómo trata a los demás hace que quieras verlo caer. En Del rechazo al sí, la escena donde es empujado al suelo fuera del edificio es catártica. Esos personajes que creen que pueden pisotear a todos siempre reciben su merecido al final. ¡Bien hecho!
Pensé que sería una reunión aburrida hasta que la mujer de negro tomó el control de la pantalla. La forma en que expuso los errores técnicos dejó a todos boquiabiertos, especialmente al jefe que no sabía dónde meterse. En Del rechazo al sí, la competencia intelectual es tan emocionante como los dramas personales. Ver a los incompetentes siendo expuestos públicamente es mi tipo de entretenimiento favorito.
No puedo con la actitud de la chica en el vestido rosa. Sus gestos de disgusto y esa forma de mirar a los demás como si oliera mal es demasiado. En Del rechazo al sí, representa perfectamente a esas personas que juzgan sin conocer. Aunque al final verla confundida mientras sacan al chico malo me dio cierto placer culpable. Ojalá aprenda a ser más humilde en la próxima temporada.
El señor de azul con gafas no sabe si estar enojado, confundido o asustado. Sus reacciones exageradas apuntando con el dedo y gritando en la reunión son oro puro. En Del rechazo al sí, es el combustible que hace que el drama arda con más fuerza. Cuando finalmente se da cuenta de quién tiene el poder real y cambia su actitud, es hilarante ver su transformación de tirano a sumiso.
La escena final fuera del edificio es cinematográfica. El villano siendo arrastrado mientras el protagonista observa desde su silla de ruedas con esa calma absoluta es icónico. En Del rechazo al sí, el contraste entre la furia del perdedor y la serenidad del ganador está perfectamente ejecutado. Ese momento en que el chico de marrón cae al suelo y mira con incredulidad cierra el capítulo con broche de oro.