Para proteger a Andrómeda, Perseo fingió la masacre de su pueblo, la obligó a casarse con él y la encerró. Cecilia, una bruja idéntica a ella, se volvió su amante y la torturó por celos. Perseo no reconoció a Andrómeda hasta que supo la verdad. Buscó venganza, pero ella ya había desaparecido.