A principios de los 90, Javier y su hermana Carmelita rescataron a un perro herido, “Mudo”. Tras la muerte de Carmelita, Javier culpó a Mudo y lo echó. Pero Mudo nunca se fue: lo protegió y le dejó comida. Una noche de invierno, Javier quedó atrapado en una cámara frigorífica. Mudo mordió la puerta hasta abrirla y murió helado junto a él. Así entendió Javier su lealtad silenciosa.