Pablo González viajó al Imperio del Sol. Su familia enfrentaba la bancarrota por un excedente de caña de azúcar. Usando su conocimiento moderno, creó azúcar pura, resolvió el problema y ganó una fortuna. El emperador Leandro Díaz lo recompensó con un título. Desde entonces, pasó de ser un derrochador a un héroe, dejando su leyenda comercial en el próspero Imperio del Sol.