Tras la guerra en la frontera, Santiago volvió con honores. Cumplió el último deseo de su madre: llegó a la Corte para casarse bajo un nombre falso. Su esposa lo despreció y eligió a otro. Él se divorció y fue llamado al palacio, donde recuperó su rango. Ella le suplicó que volviera con ella; él respondió: "Entonces, muérete".