¡No puedo dejar de reírme! La escena donde el protagonista cae al suelo y finge estar herido es puro oro cómico. Su amigo, con esa cara de preocupación fingida, se roba la escena. La química entre ellos es tan natural que te hace olvidar que estás viendo una actuación. En Morí y volví para matarlos, estos momentos de alivio cómico son esenciales para equilibrar la tensión dramática. La expresión de sorpresa del protagonista al principio lo dice todo: ¡esto va a ser una montaña rusa de emociones!