Lágrimas que no calientan
Estela fue la adoración de sus padres hasta que una decisión cruel la sentenció. La encerraron en un congelador por un descuido mínimo mientras mimaban a su hermana. Una vecina la rescató moribunda, pero los ruegos de sus padres llegaron tarde. Su alma fue más gélida que aquel encierro; el amor murió bajo el hielo.
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