Mateo Salazar dedicó toda su vida a su familia y renunció a su sueño de unirse a la agencia espacial para cuidar de ellos. En su vejez, sus hijos y su exesposa lo humillaron delante de todos. Aquel día, Mateo decidió irse de casa, retomó su pasión, se unió al programa espacial y fue reconocido por su talento. Al final, encontró el amor que había dejado atrás en su juventud.